La noche quedaba atrás, el amanecer estaba próximo mas no fue así, no para aquellos hombres a los que la pulga de un perro se les aferraba al vientre. Eran Pastaza Street Z, era la noche de la caída de las pupilas, en la que la chica sexial se veía fértil y ya habían pasado muchos años desde que el hombre descubrió el fuego.
Aquella noche los visitantes tomaron las armas y la materia y gritaron con todas sus fuerzas y
desfallecieron. La policía los barrió como al papel y los mataron de sed. Algunos sobrevivieron y fumaron droga para escapar, pero era ya demasiado tarde para ser beatos y no comprendieron EL OCTÍBULO.
El momento de la caída de las pupilas llegó al clímax cuando Aldo perdió un ojo y todos se erigían como sementales nómadas.
Queriendo ser mejores fuimos peores y el castigo llegó, Chin Chun Lin se adjudicó un punto y nos maldijo, pero su maldición sólo alcanzó a Butrón, quien dijo no ser homo, los demás nos reímos de él y corrimos lejos. Huimos por el bosque nebuloso; cruzamos el pantano lleno de jeta violenta y llegamos al lugar en el que los hijos de Sakuyibeder se descascararon. En el camino, las angas, los oligosontes y las ulgas de nueve mil un patas nos hablaron del Mayolo de Oro, no sin antes llorar por Nora, quien perdió dinero con su perro, el cual sería más fértil si tuviera poto. En aquel lugar encontramos al Conde Withman justo cuando apuñalaba un piojo que sacó de su bolsita, y lo despedazó, y los pedazos se esparcieron por el mundo hablando pestes de Medusa.
La fiesta llegaba a su fin, la noche del pejesapo daba luz al amanecer, pero para nosotros seguía siendo la noche de nuestra pubertad.
Todos oxilábamos menos Roys, quien hablaba del mundo y del Apocalipsis con los humanos, quienes ignorantes se reían y mostraban sus objetos ocultos a la par que miraban a dos leprosos jugar ludo. Roys se agotaba y detrás de él, una mujer convertida en viuda negra se acercaba para degustar.
Nosotros no entendíamos aún EL OCTÍBULO y rogábamos y el pirata Barba Roja nos contemplaba recostado y todos quisimos tocar sus pestañas, pero éste se volteó al revés, y médula en mano se jaló el esternón hasta rompérselo y al ver su éxito cantó ópera y en eso apareció Chubaca ante nosotros y Juan Peto lo dejó en ridículo y nosotros, todos nosotros, mirábamos esa noche con ojos de justicia y a Zara con ojos de jesuitas; las demás nos temían.
El fuego salía de nuestras manos. Nos iluminamos como hace cien años; lo hubiésemos hecho mejor si hubiésemos tenido mayor conocimiento, pero fue como fue y Lupe nunca lo entendió por lo que murió de cáncer cerebral; todos pensaban que era su vejiga, mas su cerebro estalló en un tosco sonido.
La oscuridad reinaba y sólo nosotros nos movíamos en aquella fiesta, emanando destellos de luces de quien sabe que elementos, que sólo eran imaginadas por Ernesto. Bolas de fuego salían de nuestras palmas y quemábamos el piso con un fuerte cosmos.
Sentíamos comunicación con la noche. Nuestras mentes se abrían a algún tipo de conocimiento que trataba de entrar y quien lo diría; Marcos levantó las manos y se iluminó y echó sobre nosotros parte de esa luz y el segundo se hizo infinito.
Sólo nosotros yacíamos en aquella habitación, afuera la muchedumbre aumentaba con su tiempo, nuestro tiempo se dilataba y los conocimientos de aquella luz se fundían con nuestros pensamientos, abiertos a lo desconocido pero familiar.
El día parecía temerle a aquella noche y la Tierra no giró más, el tiempo cesó y todo fue nebular. Ana y sus amigas admiraban y perdían sus pies y la madre de Vanessa se desvanecía ante la mirada cachacienta de sus vecinos, que en ese momento adquirían la muerte.
En diversos puntos del planeta aparecían tres túneles oscuros, de donde salían guerreros disfrazados de manzanas que destruían el mundo y millones de ojos observaron quien sabe qué, pues después de aquella noche no quedó nadie que pudiera contar los hechos.
En Pastaza la noche seguía y las agonías, llantos y gritos de los humanos desgarraban la materia, los edificios y la nariz de Rita, los perros ladraban sin parar como si supieran lo que vendría.
Esa noche era sólo esa noche y EL OCTÍBULO llegaba a nosotros, que sin saberlo, hacía mucho tiempo que lo esperábamos.
Ríos de sangre y gritos reinaban en el mundo. Todos estaban desesperados; unos corrían como avestruces locas mientras otros jugaban obscenamente.
María Inés daba a luz a un alien y en su hogar todo era felicidad, hasta que el cartero les avisó del fin de aquella vieja que tenía tres maridos ñocos, pero con vitapilín, que cantaban alabanzas y mantenían la casa de María Inés alejada del terror.
El conocimiento fue grande y la dicha llegó a nosotros. Un nuevo mundo se abría ante nuestros ojos, un mundo de luz en una dimensión perfecta y aquel mundo oscuro, se hacía como un punto en el infinito y se alejó de nosotros tan veloz como la misma luz. Para los humanos fue tal vez el peor sueño de sus vidas, para nosotros fue la noche en que conocimos EL OCTÍBULO.
Los originales de todas las personas del planeta desaparecieron aquella noche y sus «clones» viven ahora sin saber porqué en el tercer planeta.
Aquel oscuro mundo quedó olvidado por el Universo y viaja errante hasta hoy y en él reina el caos y una noche, una noche que no tiene cuando acabar. De él sólo sabemos nosotros, los demás, los humanos, no saben de él. Pero aquel mundo desde lo más alejado clama en sus mentes y en sus sueños entran en aquel mundo y al despertar piensan que es parte del subconsciente pero no saben que es parte de su pasado, de su oscuro pasado, que algún día volverá y nosotros reinaremos en él...
Y el mundo entero tendrá la dicha de conocer EL OCTÍBULO y María Inés volverá y junto a tres topos vitorearan nuestros nombres y ese día los dos mundos serán uno y el todo se unirá y volverá la oscuridad y luego vendrá la luz y el cielo será claro y las estrellas nuevas y de nuestros cuerpos saldrán los valores y la paz.
El futuro será como el presente y el pasado como un sueño. La dicha será eterna y el alimento abundante. Los animales contarán la historia del tiempo y las culturas se harán ciencias. Seres de otros mundos nos visitarán en amistad y de ellos aprenderemos el amor y navegaremos felices por el mar del Universo.
Las diferencias sólo reinarán en casa de Juper Flores a quien su padre le sacará la lengua con una pinza pequeña.
En el Universo, las razas de seres evolucionados se unirán en mestizaje y los milenios vendrán unos tras otros como pelota de ping pong. Los Soles no se apagarán jamás y todo será conocido.
...Y todos serán como nosotros, EL OCTÍBULO no tendrá fin y su sabiduría no conocerá preferencias y se repartirá en cada mente, en cada alma, en cada átomo y su energía durará para siempre.
Desde hoy preparémonos pues para recibir la vida y tierra verdaderas, demostremos a todos que el día se acerca. Para nosotros, para Pastaza Street Z el futuro ya es presente y EL OCTÍBULO nuestra religión, confía pero sin dudas en ésta profecía y así como en «El Ojo De Julián», la paz y la felicidad serán el premio a tu confianza y para ti habrá un lugar en nuestra dimensión.
Rexcalvito
2 comentarios:
Jeje que buena, espero ver por aca la turbo tabla III, jejeje
Por ahí está jejeje...
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