– ¡Ataco! –dijo. Estaba realmente furioso. La Criatura de Ballestas lo miró de reojo, con saña y preguntó: – ¿Cuánto tienes? – ¡Lo suficiente! –Contestó El Mago Negro, queriendo mantener el aura de misterio y de extremada confianza que lo caracterizaban. La Criatura lo miró con mirada seria y pensativa como tratando de leer sus pensamientos.
En lo profundo del bosque Mohoso hay una macabra cueva en la que habita La Mansión y en ella el terror y las sombras. Todos le temen a La Mansión del Terror, todos excepto los maléficos seres que pululan en sus adentros: ellos la aman.
Había buscado mucho; había agotado todos los lugares explorando casi por completo la Tierra. Estaba exhausto y al borde del colapso. La locura y la muerte por poco lo tenían en su seno. Él lo sabía; sabía que existía y que ya no podía estar lejos. Tan sólo le faltaba recorrer una miserable isla, en un miserable pedazo de mar y hacia allá iba.