Hubo una vez que se construyó un mueble para un señor llamado Tomás, aquel mueble era muy bonito y todos lo querían, mas nadie se podía sentar en él.
«Se mira pero no se toca», «De lejitos no más» decía Tomás, quien dormía poco por vigilar su mueble.
Todo el pueblo quería tener aquel hermoso mueble, sentarse en él siquiera, pero ahí estaba Tomás, su dueño vigilante.
El pueblo pensó esperar hasta que Tomás muriera para hacerse del anhelado mueble, pero no podían aguantar tanto pues sabían que este señor era de larga vida, así que sin pensarlo dos veces se armaron de piedras y palos y se metieron en su casa, le ataron y le mataron cruelmente. Acto seguido uno por uno se sentaron en el deseado mueble y fueron felices.
Hicieron una gran fiesta y se divirtieron como nunca antes se vio. Bebieron y bailaron sin parar hasta quedar rendidos.
Al despertar ¡Ninguno tenía poto!
Rexcalvito.
No hay comentarios:
Publicar un comentario