Soy el vigía de la noche, todo lo veo y me deleito de tal forma, ¿Más para que ver más de lo que no quiero? Ver todo es fascinante como Agripina en tromba de vaca, si la tuviese claro o como Anselmo el día aquel que nadie sabe o como el buey López, como él si;
que buena manera la de ver de tan fiero animal, todo en mosca, frunciendo poco la ceja pero suficiente, y que decir de su mirada cansina que más parecida a la de Roberto, el de la casa lila no puede ser. ¿La casa lila? ¿O la casa de lila? O como fuese, al verla es la casa y punto ya que para el que mira lo que importa es el ver, nada tiene significado sino tan sólo la visión, el ojo y su sapiencia. La rajadura en la corteza del pinino es la rajadura y el pinino sólo es el pinino, una imagen que no evoca ni recuerdos ni futuros, solo una imagen que se evoca a sí misma en los eternos momentos que dura la visión. Hasta que llega la luz del día y me ciega, entonces me molesto y cambio y me transformo así en el vigía de la mañana, en el mismísimo que ve cuanto hay que ver por la mañana, nada se me escapa, bueno excepto por los perros de Mirta, esa manera de correr, tan veloces, no me acostumbro, si, ellos me faltan ver, así que cuando llega la tarde y como quien no quiere la cosa me doy una vueltita al revés y me torno al vigía de la tarde. A esas horas los canes duermen y allí los veo, durante toda la tarde sólo a ellos miro y bien mirados. Veo sus plumajes, sus toscas colas de rana, su lomo rugoso y punzante como de apariencia felina y me regocijo, ¡Tan parecidos a la vieja del Palomar en la penumbra!. Ha la penumbra, el vigía de la penumbra soy en la penumbra, y veo a la vieja y a las palomas que van mansas a sus nidos de paja de Ruan y lodo del bosque Eniat. En eso me duermo un momento y el vigía de los sueños aparece en mí, en mis adentros veo todos los adentros de cuantos duermen y de cuantos no, veo con calma hasta saciarme de ver y despierto en la noche profunda y soy el vigía de la noche y la visión continua su constante transcurrir, tan inmóvil en su rápido pasar, tan quieta mientas veo, sin olor ni sabor ni nada, tan solo luces y sombras que logran las siluetas los tonos y matices, las formas, la inmensidad de sombras que se envuelven en mis ojos y así llega la mañana y pienso en ellos, en los perros de Mirta, tal vez ahora estén cansados y muy quietos, bastará una ojeada para detener su marcha, para darles la eterna quietud de la mirada, ojalá hoy sea así o mañana o alguna vez en algún día.
Rexcalvito
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